17/6/2024
Cuatro Años Dándole Vueltas al Mundo: Lecciones de un Nómada Digital
La vida de un nómada digital dista mucho de la imagen idealizada de trabajar en una playa paradisíaca en Bali. No es para todos. ¿Ya lo intentaste?
Tabla de contenidos
Todas mis pertenencias están guardadas en dos valijas en un depósito en Milán.
Con una pequeña maleta de mano y mi mochila con el ordenador, he recorrido cientos de ciudades alrededor del mundo.
La vida de un nómada digital dista mucho de la imagen idealizada de trabajar en una playa paradisíaca en Bali o disfrutar de comidas con amigos viajeros. Es una constante prueba de adaptación. Cada día es una incógnita y cada nuevo destino, un desafío.
Ser nómada no es para todos. ¿Te atreverías a intentarlo?
Esta ha sido mi vida durante los últimos cuatro años, viajando por más de 35 países y recorriendo el mundo varias veces.
Aquí te cuento algunas cosas que aprendí en el camino:
1 - Viajar por el mundo puede llegar a ser sólo otra forma de consumo
Tras dos años como nómada digital, cientos de vuelos y muchos idiomas nuevos, me encontraba constantemente organizando el próximo destino.
Llegaba a una ciudad, me instalaba en un apartamento y comenzaba a buscar actividades. Primero veía videos que recomendaban sitios de interés, luego leía blogs sobre "las mejores experiencias" y finalmente buscaba fotos increíbles en redes sociales que también quería tomar. Luego abría mi aplicación de mapas, marcaba decenas de lugares y salía a caminar.
Trabajaba desde temprano en las mañanas hasta cerca de las 3 PM. Apenas terminaba sentía una energía nueva, una fuerza que me empujaba a salir, a recorrer cada punto del mapa que marqué.
Sin embargo, al llegar a las primeras atracciones, me encontraba con decenas de personas intentando sacarse fotos, haciendo poses y creando una imagen falsa para aparentar algo que claramente no estaba sucediendo allí.

Hay días que eso pasa sin más, es parte del paisaje, pero muchos otros me impulsaba a irme al siguiente punto marcado en mi mapa, esperando en lo posible encontrar algún lugar tranquilo, con gente local, sin el frenesí del turismo e instagram.
El problema con esta dinámica es que cada lugar que visité no me alcanzaba; siempre el siguiente podía ser un poco mejor. A veces me encontraba 5 minutos en algún sitio, tomaba una foto y me iba.
También me encontré con que las fotos que mostraban en los blogs o redes no tenían nada que ver con la realidad, los colores pueden ser menos intensos, o ese día te tocó mal clima, o fuiste en la temporada incorrecta, o simplemente está lleno de gente, y tú lo habías visto vacío.
Con el tiempo, luego de los primeros días en un nuevo país, tras haber recorrido algunas ciudades, ya me encontraba buscando vuelos y alojamiento para el siguiente, y mentalizándome en lo que podría llegar a conocer.
Mi cuerpo estaba presente en esa ciudad, pero mi mente ya estaba en el siguiente destino. Esto rápidamente se convirtió en viajar por viajar; si de pronto puedo ir a cualquier país del mundo, entonces ninguno ya alcanza, porque tal vez el próximo sea aún mejor.
Pude salir de esta dinámica quedándome más tiempo en cada lugar. En lugar de pasar días o una semana en un país, empecé a quedarme varias semanas o meses.
Empecé a aceptar que estaba bien si algunos días no quería conocer nada nuevo y solo darme espacio para que entrara en mi todo lo vivido hasta allí. No había nada de malo en elegir una tarde ver series en vez de visitar el mejor punto de esa ciudad marcado en mi mapa.
Hace poco aprendí que esto se llama “slowmad” (ser un nómade lento). Es decir, viajar despacio, darse tiempo y permanecer meses en la misma ciudad.
2 - Donde sea que vayas, siempre se trata de construir un hogar
Durante mis viajes, mi hogar fue un depósito de equipajes en Milán, Italia. Allí encontré un punto de fácil acceso entre mis viajes y dejé todas mis pertenencias.
Sorprendentemente, pasé de un apartamento completo en Argentina a solo dos maletas. Adicionalmente, usaba otra valija pequeña para viajar y en cada escala en Milán intentaba imaginar qué ropa podía necesitar los próximos 6 meses y la ponía en mi equipaje. Diría que no importaba qué pusiera allí; lo más probable es que no lo necesitara.
Con el tiempo me di cuenta de que poner 15 camisetas no tenía sentido, siempre me gustaba usar las mismas 6. Que llevar zapatos para estar preparado ante la oportunidad de algún evento u ocasión especial era quitar 20% del espacio en el que podía poner yerba para mi mate.

Intercambiar ropa en ese depósito era tormentoso y estresante. Siempre terminaba agotado por el esfuerzo de volver a mis cosas y tener que elegir qué llevar conmigo en el camino por delante.
Pero eventualmente empecé a hacer espacio para cosas impensadas: puse algún adorno, un recuerdo, algunas fotos, algo que podía ubicar en cada apartamento que alquilaba y que me llevaban de regreso a casa.
Esos pequeños detalles, sumados a las primeras rutinas que empecé a construir, como intentar comprar siempre lo mismo para el refrigerador en los primeros días o intercalar comidas nuevas y exóticas de cada ciudad con las de siempre, como las milanesas de mi mamá o las pastas de mi abuela; hacer ejercicio religiosamente día de por medio y seguir yendo al cine todas las semanas, fueron construyendo un hogar que se movía conmigo.
No importaba si no entendía el idioma, si el lugar era más o menos seguro, o si las costumbres del país eran incómodas para mí; mientras pudiera tener una porción de casa conmigo, podía sentir que, no importa lo que pase, todo iba a estar bien.
Me fui de una casa en Argentina, pero descubrí otra por el mundo, una que no necesita metros cuadrados, vista o la mejor ubicación; solo necesita 20% en mi maleta y un poco de tiempo cada día de viaje.
3 - Está bien pedir ayuda, especialmente lejos de casa
Estaba acostumbrado a herramientas que siempre funcionaban: Google Maps, Uber, aplicaciones de delivery, mis tarjetas bancarias, mi línea telefónica e internet móvil, seguro médico, pagar el autobús con dinero y acceder al home banking, entre otras.
Esa “comodidad” que ofrece la tecnología en algunos países de Latinoamérica, Norteamérica y Europa, no existe en todos lados.
Hay países que prohíben Google Maps. Uber aún enfrenta regulaciones en algunas economías. El acceso a internet sin censura y monitoreo es raro en muchas partes del mundo.
Son más los ciudadanos que no tienen acceso a una internet libre que aquellos que sí lo tienen.
El móvil y el internet 5G se acaban rápidamente o ni existen para tu SIM card fuera de tu país.
Tus bancos probablemente estén bloqueados para acceder desde fuera del país, o el sistema de doble verificación dejará de funcionar.
Algunos países ni aceptan Visa o MasterCard, dos de las tarjetas más comunes que disfrutamos en el mundo occidental.
¿Qué quiero decir con esto? Que puede que algo que hoy haces de forma transparente, sin pensar, confiando que va a funcionar, no sea posible mientras viajes, y te enfrentes a la incomodidad de tener que pedir ayuda a alguien que no hable tu idioma, que no tenga las mismas costumbres y que dependiendo del país, hasta sea difícil de aproximar.
En todos los casos en los que lo necesité, me ayudaron. Hay buena gente en este mundo que ofrece ayuda si el pedido es sincero y respetuoso.
He visto casos de locales regalarle dinero a algún turista para que alcance el aeropuerto en taxi porque no podía usar trenes, o invitar a alguien a pasar la noche en su sillón, invitarlos a comer con la familia, acompañarlos en alguna expedición, hacer de guía turístico.
En Jordania, es costumbre invitar al viajero a una ceremonia de té, ofrecerle la bebida, intercambiar miradas y algunas palabras, y si todo va bien, invitarlo a compartir techo y comida por un par de días.

Cuando viajas, lo desconocido de las personas te acerca, no te aleja. Es precisamente esa oportunidad de crear nuevos vínculos lo que fomenta la apertura y la predisposición. Sé valiente y pide ayuda si la necesitas; conocerás gente muy amable y podrás sobreponerte a tus desafíos.
4 - Algún día, todo puede salir mal, con suerte serán solo 24 horas
Alejarse de la comodidad de casa te introduce a un mundo más desconocido, con mayores probabilidades de enfrentar situaciones inesperadas, temidas o inimaginables.
Foto del incendio en londres En uno de mis viajes me encontraba trabajando desde un café en la segunda planta del edificio en el que alquilaba. Estaba cerrando mi día laboral, dejando todo listo para al día siguiente irme de vacaciones a la playa, y la terraza del edificio se incendió y mi apartamento era justo el de abajo.
Les tomó poco más de 4 horas a los bomberos controlar la situación y dejarnos ingresar.
Cuando llegué a la puerta de mi apartamento tenía una cruz dibujada con tiza, y un bombero me dijo que no podía ingresar, que ese apartamento estaba inundado y el agua del sistema de control de fuego atravesó el tablero eléctrico.
Yo no necesitaba nada más de allí que mi pasaporte para irme al día siguiente; el resto no me importaba, todo podía reemplazarse.
Tras varias horas de insistir y pedir ayuda, finalmente logré acceder a buscar los documentos alrededor de las 2 am. Allí estaba todo el apartamento lleno de hollín, mojado, sin agua corriente y sin luz.
Estaba muy cansado, tenía 2 horas para dormir y luego debía partir para el aeropuerto. Tiré una toalla sobre la cama y dormí 2 horas, armé una mochila con lo mínimo y allí salí de vacaciones; pocas horas después ya estaba en una isla en Grecia, disfrutando del sol y de meter los pies en el mar.

Tres veces me tocó lidiar con bed bugs, unos pequeños insectos que parecen estar inundando hasta las ciudades más turísticas del mundo como París.

En mi caso me los encontré en España, en Israel y en Japón. Siempre en apartamentos cómodos, limpios a simple vista, con excelentes reviews en las aplicaciones como Booking o airbnb, pero con un problema oculto, que no solo es difícil de erradicar, sino que suele subirse a los viajeros y expandirse con ellos.
Sentir que me picaba todo el cuerpo, y ver esos pequeños bichos en los colchones fue una situación traumática. Senti impotencia por no saber cómo resolverlo y por lo hostil que resultaron algunos dueños de apartamentos cuando se lo reporté.
Las primeras veces fue muy desafiante, pero ya en la tercera me volví un experto: Hoy reviso cada lugar en el que me alojo apenas ingreso, incluso si es un hotel de cinco estrellas de una cadena multinacional.
También descarto apartamentos que admiten mascotas y mantengo un repelente en mi maleta.
No todo es gris, ésto es una gran aventura!
Tras los primeros meses de viaje, un día por La Alhambra, al sur de España, con una cerveza en mano, escribí:
Me siento feliz. Conocer tantos lugares cargados de historia me emociona. Sentarme en un café, probar un dulce o torta típica del lugar, escuchar a alguien atendiendome con un acento o idioma distinto y abrir el ordenador para trabajar... Estar súper enfocado y de repente levantar la vista y reconocer que estoy en otro país, en una ciudad nueva, con una arquitectura hermosa.
Descansar, salir del café y explorar una plaza, una peatonal o una calle céntrica llena de cosas desconocidas: nuevos lugares para comer, ruidos, olores y personas que lucen diferentes a aquellas con las que crecí.> Por las tardes, caminar por sitios turísticos, aprender historia escuchándola explicada por algún guía local, hacer una pausa en un bar y tomar una cerveza en la vereda. Comer algo, como unos calamares fritos o algún plato local nuevo para mí. Familiar en algunos sabores, pero siempre con una nota distinta: unas aceitunas sumergidas en salmuera de pimienta blanca; una bruschetta con mejillones al ajillo; o un típico sándwich, pero relleno de calamares fritos.
Me encuentro a mí mismo en cada lugar que visito. Respiro profundamente, sintiendo cómo entra y sale el aire, escuchando a mi cuerpo, disfrutando los sabores y observando a mi alrededor. Me emociono al reconocer que estoy viviendo una vida que alguna vez soñé, que escuché y leí en miles de aventuras y películas, una vida que no creí posible para mí.
Cuando empiezo a acostumbrarme a la ciudad en la que estoy, a sus ritmos, sus zonas y sus monumentos, es el momento de preparar la valija y salir al mundo de nuevo. Es la señal para cambiar de escenario y comenzar de nuevo en una ciudad distinta.
La vuelta a casa
Aún no he vuelto a Argentina; hoy, he elegido Italia como el centro de gravedad de mis aventuras.
Aquí, alquilé un apartamento más permanente, di de baja el depósito en Milán y comencé a reconstruir un hogar. Es un lugar al cual regresar, un sitio para extrañar mientras sigo viajando, que me proporciona la seguridad de saber que siempre puedo volver y sentirme tranquilo y protegido.
Es un espacio donde puedo sentarme con mi mate y mis orquídeas, recordar el camino recorrido, reflexionar sobre mis aventuras, anotarlas y, cuando esté listo, soñar con la próxima.
Si has estado considerando la vida de un nómada digital, no hay mejor momento para empezar que ahora. La libertad de trabajar desde cualquier lugar y la oportunidad de explorar el mundo mientras avanzas en tu carrera es una experiencia transformadora.
Empieza por dar pequeños pasos: trabaja desde un café local, planifica una semana de trabajo en una ciudad nueva, o comienza visitando por algunas semanas a algún amigo en el extranjero.
¡Espero disfrutes tanto como yo de ésta aventura!