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3/8/2024

No viajes a Israel un viernes

Aterrizar durante Shabbat: una historia de lo que no debes hacer.

No conozco mucho sobre la religión judía, ni sus tradiciones. Cuando compré pasajes a Israel, solo me guié por las promociones de la aerolínea, cuyo día más económico para viajar era un viernes. Si todo salía bien, llegaría a Tel Aviv sobre la 1 PM, cogería algún transporte y llegaría a mi Airbnb en Jerusalén por la tarde. No fue el caso, moverse por Israel un viernes es un desastre, sin importar lo que digan los foros online.

Pocos días antes de viajar, empecé a revisar algunas opciones de movilidad por si tenía que reservarlas. En algunos sitios web mencionaban que durante Shabat la frecuencia de transporte puede ser un poco complicada, pero que igual prestan servicios. Me confié, pensé que en el peor escenario podría tomar un taxi y resolver este problema.

Para los que no conocen como yo qué es Shabbat, es el día de descanso semanal judío, comenzando luego del atardecer del viernes y terminando al anochecer del sábado. Es un tiempo para descansar, pasar con la familia y reflexionar, evitando trabajos y actividades cotidianas. En este día TODO está cerrado, y ni el transporte público funciona.

Mi vuelo salió demorado desde Estambul, entre una cosa y otra llegué al aeropuerto de Ben Gurión en Tel Aviv a las 5 PM. Luego de pasar migraciones, recuperar mi equipaje e intentar comprar una SIM card en el aeropuerto sin ser estafado, salí a buscar un bus que me llevara a Jerusalén.

En la parada del bus, éramos varios turistas ingenuos esperando. Había un letrero con horarios que indicaba que debía haber un servicio pronto, pero tras una hora y media, ya bien entrado el atardecer, no pasó ninguno.

Algunos, un poco ansiosos, inmediatamente fueron a tomar los taxis del aeropuerto. En el lugar donde puedes esperar uno, hay una serie de malandros intentando venderte un viaje en algún taxi “no oficial”, abusando de los turistas y pidiendo hasta 500 dólares americanos por un viaje a Jerusalén durante Shabat.

Esperé un cuarto de hora más a ver si el bus finalmente llegaba y me di por vencido cuando empecé a ver caer la noche.

Abrí la aplicación de Uber, los precios eran exagerados. Intenté dar con algún conductor, pero confirmaban mi viaje y luego lo cancelaban. Hasta logré comunicarme con uno por teléfono, que a pesar de su pobre inglés, logré entender que no quería hacer un viaje largo porque pronto debía volver a su casa y a sus rituales religioso

Empezando a desesperarme, comencé a hablar con una chica asiática y dos franceses que estaban en mi misma situación. Acordamos compartir un taxi a Jerusalén, y tras dirigirnos al stand oficial, logramos negociar un precio por todo el viaje a un valor de 250 dólares, a dividir entre cuatro.

El camino no es tan pintoresco, de noche poco se puede apreciar: algo de desierto, algunas luces de ciudades pequeñas y algo de montañas.

Llegados a Jerusalén sobre las 10 PM, el taxista nos preguntó dónde nos bajábamos, y cada uno dio su dirección. Él decidió que llevaría a los otros turistas primero a sus hoteles y luego me dejaría a mí a unos 200 metros de mi apartamento.

Su inglés era malo, olía mal, fumó durante todo el viaje y no tenía mucha paciencia para ayudarnos. Al llegar a mi parada, insistí en que me dejara más cerca del apartamento, pero por lo que logré entender, este quedaba en un kibutz y los autos no podían entrar.

Mirando Google Maps, pude ver dos cosas llamativas de la ubicación de mi Airbnb. Una era que quedaba cerca del mercado de Mahaneh Yehudah, un sitio con excelentes reseñas, y la otra era que había un refugio antibombas en la esquina, supongo que eso ¿es bueno?.

No viajes a Israel un viernes - Ubicación en Google Maps

Al momento de bajarme del taxi y recuperar mi equipaje, iba a pagar mi parte (63 dólares), y el taxista me pidió 150. Le dije que no, que lo acordado eran 250 dólares por el total del viaje y que el resto ya había pagado su parte. Pero me insistió gritando, agitando los brazos y empezando a hacer una escena digna de una reina del drama, diciendo que no esperaba tener que llevarnos a todos a sitios distintos, que era Shabbat, que quería estar con su familia… pues después de una discusión acalorada, negociamos en 110 dólares.

Uff, qué mal que me recibió Israel en mi primer día.

Desde allí, empecé a caminar hacia mi apartamento, y vi que Google Maps me indicaba que ingresara a un pasillo bastante oscuro, del cual veía entrar y salir a algunos pocos hombres vestidos como judíos ortodoxos, algo que pocas veces había visto en mi vida.

Temeroso, hablando por teléfono con el host, logré llegar a la puerta del apartamento. Era una pequeña puerta, en una zona oscura y desierta en esa noche de viernes.

Cuando ingresé, me tomé unos minutos para reponerme, organicé algunas cosas, y con mucha, mucha hambre, decidí salir a buscar algo de cena.

Ya eran las 11:35 PM cuando caminaba por mi kibutz, logré sortear los callejones oscuros y la basura y llegué a una calle más céntrica, donde el mapa mostraba algún supermercado y varios restaurantes.

Caminé por allí en dirección al mercado de Mahaneh Yehudah y todo estaba cerrado.

Llegué al mercado, un sitio que por las noches de viernes parece una escena de película de terror con persianas bajas, pocas luces y algún que otro negocio con música fuerte y gente bebiendo algo fresco.

Me encontré con Jahnun Bar, un puesto del mercado que había anotado desde un video publicado por Kara and Nate Planet, que recomendaban los mejores lugares para comer en Jerusalén.

No viajes a Israel un viernes - Mercado de Mahaneh Yehudah

Comí un pita con falafel glorioso, me tomé una cerveza fría, y poco a poco, empecé a calmarme y a repetir por dentro una y otra vez, “¡no vuelvas a Israel un viernes!”

Quien diría que 3 semanas después, volvería a vivir una aventura extrema intentando buscar a una amiga que también llegaba un viernes de viaje al aeropuerto, esta vez intentando ir en la dirección opuesta, desde Jerusalén a Tel Aviv. Pero esa historia continuará en otra publicación.

Hasta pronto!


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Nahuel Daima

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